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Los protegidos del imperio.

Largas filas de personas de todas las edades, aguardan bajo un sol caribeño y aire húmedo que sofoca, para ser atendidas por uno de los funcionarios de la Sección de Intereses Norteamericanos en la Habana, con el propósito de solicitarle y hasta rogarle que le sea otorgada  visa para viajar temporalmente a los Estados Unidos. Otro tanto se puede observar en el parque de las Misiones frente al otrora Palacio Presidencial, donde está enclavada la embajada de España o en muchas de las embajadas europeas y latinoamericanas acreditadas en Cuba.

Sin embargo, otros cubanos vestidos con ropas importadas enviadas desde Miami, mujeres con buenas carteras, bisutería llamativa y con sombrillas para no dañarse la piel con los rayos ultravioleta, pasan por delante de la larga fila sin mirar a nadie, con la altanería de quien se siente importante, y son  recibidos sin tener que esperar, con saludos afectuosos, incluso por los propios diplomáticos. Al preguntar quienes son la respuesta no se hace esperar, los llamados “disidentes”, los mantenidos por Washington con un presupuesto de 20 millones de usd anuales por cumplir con los planes trazados por ellos, para intentar derrocar al régimen socialista. Ellos son los que reciben cursos de preparación de cómo actuar e incluso visas para viajar como “perseguidos políticos”, por tanto no tienen que hacer filas y mucho menos esperar de pie y bajo el sol.

En el lobby de los hoteles más lujosos de Cuba puedes ver sentada tomándose una espumosa cerveza bien fría o un aromático café expreso, almorzando o cenando, a una de la mujeres más premiadas de la historia de Cuba, que se destaca por su larga cabellera a la usanza de las mujeres campesinas de los años 50 del pasado siglo y como tiene dinero en grandes cantidades, se da el lujo además de solicitar un servicio WI-FI en dólares o pesos cubanos convertibles y pasarse horas escribiendo o leyendo por Internet, algo no soñado por el cubano de a pie. Pero no es la única, van otras y otros de diferentes orígenes sociales y razas, lo común es el dinero que poseen y la forma despótica de tratar a los empleados del hotel, con un aire de superioridad que los distinguen del resto de la población.

Si alguien osara llamarle la atención por hablar en voz alta o poner los pies sobre butacas o sofás, de forma airada acusan al empleado de quererlos discriminar por ser “disidentes” y ahí mismo empieza la campaña mediática de que la Seguridad del Estado los acosa y hostiga. ¿Quién en España o Miami no va a creer?

Salon de Internet en la SINA

Todos se sienten intocables, son los protegidos de los norteamericanos y europeos, las niñas y niños lindos de Miami, Madrid, Praga y Oslo, los que reciben jugosas remesas de dólares y poseen el poder de convocar a las agencias de prensa extranjera acreditadas en la Habana cuando se les antoja, para acusar a cualquiera; poder que no tiene ningún ciudadano común e incluso con algún cargo estatal.

Sus supuestas denuncias pueden ser el inicio de una campaña mediática replicada por la prensa norteamericana, española, alemana, británica y en los sitios digitales, son los que se dan el lujo de hacer una supuesta huelga de hambre y aunque estén casi un año diciendo que no comen, después sobreviven como el más fuerte de los exterminadores encarnados  por el actor Arnold Schwarzenegger,  sin perder la credibilidad de sus patrocinadores.

Arthur Gonzalez. El Heraldo Cubano

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