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Colombia: Ilusiones y temores

Los colombianos y colombianas hemos recibido con mucha esperanza el proceso de negociaciones de paz que se han protocolizado el 15 de octubre pasado en Oslo y que formalmente empezarán en La Habana desde el día 15 de noviembre. Un 72% de la población colombiana apoya este proceso cuando hace unos cinco años llegó hasta el 53% el porcentaje de quienes se oponían a cualquier dialogo y apoyaban la política de tierra arrasada. Eran las épocas del embrujo autoritario y guerrerista de Álvaro Uribe Vélez. Que será un proceso difícil dicen los analistas y no hay que ser profundo politólogo ni muy experto en resolución de conflictos para percibirlo. Se trata de desactivar un conflicto que tiene medio siglo de existencia y que fue la prolongación de por lo menos un siglo completico de guerras civiles y alzamientos militares, escenarios en los que los partidos que surgieron de la independencia fueron confrontando sus visiones de la republica que se construía. Violencia política, económica y social. El poder y la tierra han sido la brújula que ha marcado sus derroteros. Terratenientes y empresarios que a punta d sicarios y matones, de masacres y amenazas fueron desplazando al campesinado del campo a la ciudad o del campo a las altas montañas y de allí a las profundidades de la selva. Señores de la guerra que se convirtieron en señores de la política. Caciques hechos senadores que conservaron sus ejércitos privados. Y construyeron un régimen político  iolentamente excluyente. Un régimen que negaba la existencia de opositores y contradictores. Que impuso la pena de muerte extra judicial, que ahogó en sangre muchos intentos de construcción de alternativas políticas. Quienes nos metimos en el activismo estudiantil y político al final de los años sesenta y comienzos de los setentas del siglo pasado lo hicimos bajo el estigma de lo prohibido. Fuimos la generación del Estado de Sitio en una época en que era más fácil y menos riesgoso armar un frente guerrillero que un comité estudiantil o un sindicato. Hemos conocido y vivido la guerra. Sobrevivido a exterminios y genocidios. Y también hemos conocido y vivido otros intentos de acuerdos de paz. A ellos nos entregamos en cuerpo y alma como por ejemplo a los acuerdos de tregua, cese al fuego y paz de La Uribe en el año 1985. Ilusionados e ilusos nos metimos en la construcción de la Unión Patriótica el movimiento político surgido en las mesas de dialogo y que sería el mecanismo mediante el cual los guerrilleros amnistiados pasarían a la lucha legal. Más de cinco mil muertos nos costó esta ilusión. Además de centenares de presos, miles de desplazados forzosos y de desterrados. Como muchos muertos han costado desde hace medio siglo diversos intentos de negociación. Que existe en Colombia la perversa costumbre de matar a los negociadores así como en Roma se mataba a los mensajeros.

Pero no perdemos la ilusión. Creemos en la utopía de la paz. Soñamos en la posibilidad de un país donde se pueda soñar y que no te maten por ello. Nuevamente hemos ensillado los aparejos de la esperanza. Aunque con el temor de tantas palabras y acuerdos traicionados.

Jaime Cedano Roldán para la revista TIEMPO DE CUBA, que saldrá próximamente

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