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“René será completamente libre cuando sus hermanos estén en Cuba”

“No me malinterprete; pero, ¿a quién se le ocurrió ponerle Teodora a usted como segundo nombre?”, le pregunté con cierto desenfado a Irma Sehwerert Mileham, madre de René González, para dominar los nervios en los primeros y decisivos minutos de aquella entrevista en su casa en el habanero Cotorro, tiempo atrás. “¡Ay, por tu vida! Todavía no encuentro a quién echarle la culpa; por Dios, acabaron conmigo, ¿verdad?”, respondió casi ahogada en una carcajada que dicen se escuchó a cinco leguas a la redonda.

Hace pocas horas, cuando volvimos a conversar -en esta ocasión vía telefónica-, Irma nos confirmó que no ha traspapelado su cubanía. “Discúlpame; no estaba a las ocho y treinta como acordamos. Tuve que ir al Agro, porque, ya sabes, si no vas temprano…”.

¿Qué podrán significar los 15 minutos de nuestra espera, si ella aguardó casi 15 años por el retorno definitivo a Cuba de su hijo René, uno de los Cinco luchadores antiterroristas, quien podrá permanecer en la isla al renunciar a la ciudadanía estadounidense?

“Tuve muy jovencita a Rene -lo dice sin acentuarlo-; en ese entonces vivíamos en Chicago. Cuando me lo dieron en el hospital, no lo sabía cargar; de pronto le vi una mancha carmelita en toda la cara y dije: ¡Ay!, pobrecito. La enfermera estaba muerta de risa: ‘Eso se le quita; es por una gota que se le echó en la nariz’. Al saberlo, el alma me volvió al cuerpo. A los tres meses, Rene era un muñeco; le dejé el pelo larguito…”.

Han transcurrido más de 56 años de ello; luego, trajo al mundo a Roberto —fallecido en junio pasado— y a Liván. Quizás Irma no ensarte ya con facilidad la aguja para remediar un descosido de urgencia; pero nunca ha extraviado su voz de madre bienhechora, quien, a golpe de tempestades, dejó de ser la niña asmática, algo malcriada, nacida en Santa Cruz del Sur, Camagüey, y que creció “un poco cobarde para enfrentar las cosas”.

¿A usted le tomó por sorpresa la decisión de la jueza Joan Lenard de que René podría quedarse en Cuba?

Fue una tremenda sorpresa; desde el punto de vista legal hemos sufrido muchos fracasos, muchas decepciones. No queríamos hacernos ilusiones; no esperábamos que ella aceptara la solicitud de Rene para modificar las condiciones de su libertad supervisada.

Esto es un paso de avance; pero no podemos parar hasta que los Cinco estén aquí. Vamos a seguir diciendo los Cinco; no son cuatro, así yo lo veo. Para nosotros los Cinco son uno solo, como son ellos; no los diferencio, en lo absoluto. Rene será completamente libre cuando sus hermanos estén en Cuba.

Después de más de 20 años de ausencia en Cuba, usted podrá, por fin, disfrutar de su hijo René este Día de las Madres.

Durante los años que él estuvo en la cárcel, si mal no recuerdo, dos visitas coincidieron con el Día de las Madres; pero este será un día completamente diferente, sobre todo por él. Nos alegra tanto verlo reunido con su familia…

El sueño de su hijo Roberto de ver a su hermano en casa se cumplió; pero este no será pleno por su lamentable ausencia física. ¿Cómo él la mantenía al tanto de todo el proceso judicial?

Me cuesta mucho trabajo hablar de ese tema; es muy duro para mí, muy fuerte; sé que él estaría muy feliz en estos momentos. Ahora estarían los dos luchando, como siempre estuvieron junticos; pero la vida es así y hay que seguir.

Roberto siempre fue un puntal en esta batalla, y todo el mundo decía que como él explicaba el caso no lo hacía nadie; llegaba mucho a las personas. Las dudas que yo tenía él me las aclaraba de una forma muy sencilla; pero, bueno, ya no está.

Usted tuvo el privilegio de ser la primera madre de los Cinco en darle un beso a su hijo en Cuba. ¿Depuso las armas en la épica por el retorno de Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando?

¡Qué va!, al contrario; ahora me siento mucho más comprometida con la causa. Mientras Gerardo no esté en Cuba para mí Rene no está aquí aún. Siempre imaginábamos que los Cinco iban a regresar juntos. Cuando tocábamos el tema en la cárcel, a Rene eso lo martillaba; él era el de menos condena. No se había hecho la resentencia, y había tres que tenían cadena perpetua —Gerardo, Ramón y Antonio—. El regreso de ellos lo soñábamos como una cosa tremenda; todos juntos, como una fiesta de pueblo. Rene aquí va a ser muy importante para la causa.

¿Por qué no esperó a su hijo en la puerta de la cárcel de Marianna, como sí lo hicieron Cándido (su padre) y sus hijas Irmita e Ivette?

La visa no me llegó a tiempo; estuvimos esperando hasta el último momento. Cuando me avisaron que la tenía —fue el mismo día de su salida—, no me daba tiempo estar allá. De todos modos era más importante que yo fuera después y lo acompañara cuando él se quedara solo.

Hablando de encuentros, ¿cómo recuerda la primera visita que le hizo a René después de su detención en 1998?

Estuvimos meses que no pudimos ni verlo ni hablar con él. La primera vez que lo vi fue en la cárcel de Miami —poco después de ser apresados, los Cinco estuvieron 17 meses en el “hueco” o celdas de confinamiento solitario en el Centro Federal de Detención. Para esa primera visita sí tuve que prepararme; tomé hasta pastilla. Yo me decía: “No voy a soportar ver a mi hijo ahí, no voy a resistir”. Y si tú supieras que nos dio por reírnos, y lo vi tan bien que lo que me dio fue por abrazarlo y nos morimos de la risa. El ser humano es bien difícil…

A René le ha crecido la familia; hasta se convirtió en abuelo. ¿Cómo se reparten ahora su tiempo?

Él está arrebatado con su nietecito; el niño está muy sano, es muy alegre. En estos días le dejé el espacio a Olguita; no pensábamos que él se iba a quedar. Como tú sabes, a ella no le otorgaban visas para ir a verlo, y llevan muchos años separados. Y le dije a él: “Estos 15 días son para ti, para Olguita; no te preocupes que nosotros te podemos ir a ver”. Pero, como él se queda, ya tenemos que coordinar cómo vamos a tener las reuniones familiares igual que siempre las tuvimos.

¿Qué le gusta comer a René cuando está en la casa, en chancletas?

Le encanta la sopa que le hago. Así que la tiene segura cuando venga a almorzar acá, al Cotorro.

En una entrevista, Roberto aseguró que en ninguna reunión de abogados, en 13 años, había hablado de René; hablaba siempre del caso de los Cinco; ¿prioridad?: Gerardo.

Eso es lo justo. Realmente, en estos años he pensado más en Gerardo que en Rene; sabía que él iba a regresar. Gerardo es el que más nos duele —sancionado a dos cadenas perpetuas más 15 años—. Gerardo no se merece estar en esa situación, es el ser más noble, más grande…, su calidad humana no se puede comparar con nada. No podemos permitir que Gerardo se nos muera en la cárcel.

El propio Gerardo decía: “Solo habrá justicia con un jurado de millones”. ¿Qué más hacer para que la opinión pública de Estados Unidos no viva de espaldas al caso de los Cinco?

Seguir insistiendo. Llegar al pueblo norteamericano no es fácil. Hay que usar todos los medios alternativos posibles, trabajar persona a persona. En estos 15 años se ha ido abriendo algún camino allí, se han ido sumando personas; pero no es suficiente. Los grandes medios no se ponen en función de las causas justas; son un monopolio de los ricos para preservar su sistema.

Para minar ese muro de silencio mediático, existe un Comité Nacional por Libertad de los Cinco y una representación del Internacional en Estados Unidos. ¿Cómo valora usted el actuar de esos amigos solidarios en el seno de la sociedad estadounidense?

Ese empeño no tiene comparación con nada; esas personas se han entregado a la causa de los Cinco de una forma tan desinteresada, tan increíble, que para nosotros es un orgullo que existan personas así en ese país. Gracias a ellos hemos logrado algo, gracias a ellos se desarrollará una semana por los Cinco en Washington a finales de mayo y principios de junio. Muchas personalidades —Ángela Davis, Danny Glover, Dolores Huerta, Ignacio Ramonet— van a estar allí; así es como tenemos que ir logrando que el pueblo de Estados Unidos conozca la realidad de los Cinco. Se está trabajando muy fuerte para la actividad de Washington; ahora, con la situación de Rene, puede ser que la prensa haga algo.

René también perdió a su papá. ¿En qué se parecían padre e hijo?

En los principios. Cándido era una gente de unos principios increíbles, una persona honesta, trabajadora, desinteresada, noble; Rene tiene muchísimo de su papá.

En estos años muy poco se ha hablado de Liván, su tercer hijo. ¿Cómo él ha asumido la historia de su medio hermano René?

A él no le gusta que lo mencionen mucho, es muy sencillo; no le gusta el protagonismo. Es ingeniero en Telecomunicaciones y trabaja aquí en la empresa Nestlé. A Liván con dos años lo llevaba a las movilizaciones; pero no solamente a él. Mis hijos vivían en los cafetales, en la escuela de milicias; los tuve que sacrificar mucho porque no tenía ninguna familia en Cuba que me ayudara. Mi mamá vivía en Estados Unidos; yo regresé repatriada (1961). Para poder hacer Revolución tenía que hacerla con ellos; como madre, no soy una excepción en Cuba.

La Patria es más que todo en la vida, y uno no puede sentarse en la casa a ver pasar la vida. La Revolución ha costado mucho; hay quien quedó en Angola. En el caso de los Cinco, nos tocó a nosotras; sin embargo, pudiera haberles sucedido a otras madres, y todas hubiesen hecho lo mismo. No hay dudas de que ellos son héroes; pero no son una excepción en nuestra Patria. Nuestra Patria está llena de heroísmo, y lo que tenemos que hacer ahora es seguir luchando para perfeccionar nuestra sociedad. Como decía Rene en una entrevista: trabajar es lo que nos queda por hacer.

¿Cómo es un día cualquiera de la semana para Irma?

Me levanto a las cinco y media y me acuesto a las doce, doce y pico, todos los días de mi vida, porque no me alcanza el tiempo entre la casa, el Partido, las actividades de los Cinco y un proyecto sociocultural en la comunidad; ahí tenemos talleres de pintura, de baile, de teatro, de música…

¿Con cuánto de sobresalto de madre vivía, a sabiendas de que René permanecía en la Florida, donde radican las mismas organizaciones terroristas que él penetró?

Estaba mucho más preocupada con él en libertad supervisada que cuando estaba preso. Por las noches me costaba trabajo quedarme dormida y pensaba: ¡Ay, madre mía!, si descubren donde él está. El estado de la Florida está lleno de víboras; ellos —los anticubanos— hacían declaraciones a cada rato; uno las leía en el Herald. Su odio es muy grande, espantoso. Yo vivía con una zozobra, hasta que, al fin, tenemos a Rene aquí.

 Enrique Ojito – Escambray.cu.-

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