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Fidel: Nos salvamos todos o nos hundimos todos

na-700853Los procesos progresistas y revolucionarios en marcha en América Latina expresan las aspiraciones integracionistas y emancipadoras de Bolívar, Hidalgo, Juárez, San Martín, O`Higgins, Sucre y Martí.

Precisamente, una conocida expresión martiana destaca lo imperioso y apremiante de avanzar en la integración entre nuestros pueblos: “Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas. Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”.

De ahí que el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 se convirtió en ejemplo a seguir y en símbolo vivo para todo el continente.

No es de extrañar entonces que varios jefes de Estado y de Gobierno visitaran al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en el marco de la II Cumbre de la CELAC. Creo que es un reconocimiento a sus aportes a la integración de nuestra región y a la resistencia del pueblo cubano por más de 50 años frente al poderoso vecino del norte.

Cuba puso su potencial médico desde hace muchos años a disposición de los más humildes del continente.  Así la idea que surgió para ayudar a Haití después del huracán Georges en septiembre de 1998  y siguió por Centroamérica tras el Mitch, se extendió por Latinoamérica y el Caribe.

Recuerdo que en visita que realicé a Honduras y Guatemala hace unos años pude apreciar las condiciones difíciles en que ejercían los médicos cubanos en algunas zonas de esos hermanos países. Nuestros galenos no van a predicar ideas políticas como muchos creen, sino a cumplir una misión humana, solidaria.

Cuando a principio de los 80 del siglo pasado las bandas contrarias a la Revolución sandinista, organizadas por Estados Unidos, asesinaron a maestros cubanos que enseñaban a leer y escribir en lugares apartados de la geografía de ese país, en Cuba se ofrecieron 100 000 maestros para reemplazarlos.

Esos ejemplos son la simiente sembrada por Cuba que sirven de base al ambiente integracionista que vive actualmente nuestra región.

José Martí, el apóstol de la independencia cubana dijo: “Patria es humanidad”, y poniendo en práctica ese concepto, esos principios martianos, Fidel Castro diría en 1999[1]:

“Cuando hablamos de humanidad pensamos, en primer término, en nuestros hermanos latinoamericanos y caribeños, a los que no olvidamos nunca, y después, al resto de esa humanidad que habita nuestro planeta.

“Bolívar soñaba con una unión regional amplia, desde México hasta Argentina. Como ustedes saben, el Congreso Anfictiónico fue saboteado por los caballeros del Norte, que además se opusieron a la idea bolivariana de enviar una expedición al mando de Sucre para liberar a la isla de Cuba, algo indispensable para eliminar todo riesgo de amenaza y contraataque de la temible y tenaz metrópoli española; así que no fuimos olvidados en la historia de Venezuela. Hoy, que alcanzamos liberarla del dominio de una potencia mucho más poderosa, nuestro deber más sagrado es defenderla en aras de los intereses y la propia seguridad de nuestros hermanos de este hemisferio.

“Está claro que hay que trabajar en diversas formas de cooperación e integración posible, paso a paso, pero pasos rápidos, si es que queremos sobrevivir como entidad regional, que posee la misma cultura, idioma, tantas cosas en común, como no posee Europa.

“¿Por qué considerarnos incapaces de ir pensando, por lo menos, en fórmulas de ese tipo? ¿Por qué no alentar todas las tendencias unitarias e integracionistas en todos los países de nuestro idioma, de nuestra cultura, de nuestras creencias, de nuestra sangre mestiza, que corre por las venas de la inmensa mayoría? Y cuando no existe el mestizaje en la sangre, tiene que existir el mestizaje en el alma.

“Es que nosotros sabemos muy bien que a Estados Unidos no le agrada nada que exista ni siquiera un MERCOSUR; esta unión constituye un embrión importante de unidad más amplia y puede crecer. Hay ya otros países vecinos que no están muy lejos de acercarse al MERCOSUR. Nosotros lo concebimos como una unión subregional, como un paso para una unión regional, primero de Suramérica, y después otro paso, y lo más rápido posible, para que abarque también al Caribe y Centroamérica.

“Elaborar ideas y conceptos es, a nuestro juicio, en ese terreno, lo más que podemos hacer en lo inmediato. Mientras tanto, evitar a toda costa el suicidio político y económico de sustituir nuestras monedas nacionales por la moneda norteamericana, cualesquiera que fuesen las dificultades y fluctuaciones que nos haya impuesto el orden económico actual. Eso significaría simple y llanamente la anexión de América Latina a Estados Unidos. Dejaríamos de ser considerados como naciones independientes y renunciaríamos a toda posibilidad de participar en la conformación del mundo del futuro. Unirnos, reunir y ampliar fuerzas es ineludible en las actuales circunstancias.

“Por eso admiro tanto a Bolívar. Por eso considero tan enorme su obra. No pertenece a la estirpe de los conquistadores de territorios y naciones, ni a la de fundadores de imperios que dio fama a otros; él creó naciones, liberó territorios y deshizo imperios. Fue, además, brillante soldado, insigne pensador y profeta. Hoy tratamos de hacer lo que él quiso hacer y no se ha hecho todavía; unir a nuestros pueblos para que mañana, siguiendo el mismo hilo de aquel pensamiento unitario, el único que se corresponde con nuestra especie y nuestra época, los seres humanos puedan conocer y vivir en un mundo unido, hermanado, justo y libre, lo que él quiso hacer con los pueblos integrados por los blancos, negros, indios y mestizos de nuestra América.

“Les he dicho estas cosas, así, con la mayor intimidad. No podía venir a hablarles como en 1959 de organizar una expedición para resolver los problemas en un país vecino; sabemos muy bien que hoy ningún país solo puede, por sí mismo, resolver sus problemas, es la realidad en este mundo globalizado. Aquí se puede decir: Nos salvamos todos o nos hundimos todos”.

Omar Pérez Salomón


[1] Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, 3 de febrero de 1999.

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